Módulo 3. La Dirección de Personas
El Decálogo de la dirección de personas |

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Dirigir personas es la tarea más importante y más compleja de todas las que debe asumir un mando.
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¿Orientados a objetivos? ¿Orientados a personas? Las personas son las que llevan a conseguir los objetivos, nunca al revés.
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El mando transmite más con su ejemplo que con mil palabras. "El ruido de lo que haces no me deja escuchar lo que dices".
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Formar y confiar son el fundamento necesario para delegar.
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Hay que aceptar el riesgo de descubrir y formar a una persona y que luego se vaya; porque se corre mayor riesgo si no la formas y además se queda.
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Dar feedback. Es la prueba de fuego del mando: hablar claro y en el momento oportuno, con decisión, sin retrasos injustificados que siempre agravan el conflicto.
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La presión por conseguir los objetivos económicos no puede esconder nunca que las personas son precisamente la clave para conseguirlo.
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La norma del mando: servir a los demás en vez de servirse de los demás.
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Talento y voluntad: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad” (Einstein).
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La motivación y la exigencia de resultados, son dos caras de la misma moneda.
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Se deben crear las circunstancias para que las personas estén a gusto en su trabajo y ayudarlas a que se desarrollen como profesionales y como personas.
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Las motivaciones de cada directivo y los supuestos sobre las motivaciones de las personas condicionan su forma de dirigirlas y su estilo de dirección.
Son personas.
Están en una empresa.
Módulo 3. La Dirección de Personas